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Santi8
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Sáb 27 Mar - 21:11
Crónica:

Salí de casa a las 12:15 porque había quedado a las 13:00 en el chino con terraza que está justo al lado del paquistaní que vende cervezas y pegado al parque en el que se puede beber y mear con tranquilidad (como en la Luna). Ya sabes, entre la calle Lepanto y Marina. Mi colega y yo hablando de nuestro futuro libro, bueno, yo hablando de todo, joder hay que ver como hablo. Me doy cuenta de lo mucho que hablo, mi colega asiente y sigo hablando...Acabamos con unas ocho birras por cabeza y discutiendo sobre el cristianismo y su perversa capilaridad.
Son las 17:00, qué puntualidad la de los chinos...qué solvencia pienso...mientras nos invitan a desalojar...mi bocata de fuet estaba decente (siempre pido lo mismo, no me fío de los chinos). Mi amigo tiene hambre, le digo que se lo dije...cómo coño se le ocurre pedirse dos rollitos de primavera. Más arriba resulta que hay un shawarma...vamos con el puntillo, entramos...hola qué tal...y entonces me sale el palique: ¿Cómo va el negocio?...Joder...sólo alcanzo a decir eso...puto paqui...coño...pero qué simpático de verdad....me dice que le gusta mi pelo...que él lo llevaba así antes...le digo que antes lo llevaba más largo (cómo se me ocurre), me dice que no...que como  una chica no...y que me tendría que teñir de negro. Le digo que sí...mi amigo paga...joder tío en serio me dices que estás delicado del estomago y te lo pides con picante?....Salimos...me ha invitado a comer...así que le digo...tío...estoy sin un chavo...pero deja que te invite a las birras del parque. Mi amigo es mi amigo...así que asiente . Nos pillamos unas cuantas birras más...y vamos hacia el parque .Ya en el parque que está al lado voy a mear sólo para demostrarle una vez más lo bien que elegí, le suelto algo así como que deberían pagarme como localizador, nos reímos...
El sol se va...y hace algo de rasca...nos despedimos. Llego a mi barrio mientras suena algo de boggie en mis auriculares. Decido que la mejor opción es  emular a mi amigo y comerme una mierda de esas pinchadas en un palo. Hace tiempo que no encaro al barrio por esa parte, ya sabes...la parte alta y vieja...donde aún viven mis padres. Me pido un durum...(este paqui no habla tanto), pago los 4 euros y le digo que en cinco minutos vuelvo. Al lado hay un badulaque, en ronda Guinardó con pasaje Flaugier. Me compro 3 birras más...y me abro una mientras espero allí sentado delante del polideportivo, entonces recuerdo los años que pasé en aquellas calles. Aparecen como de la nada unos niñatos para joderme la evocación, me vacilan mirándome a los ojos. Ostias...qué ganas....decidme algo vamos...Me los quedo mirando, sobre todo a un mierdas con el pelo corto y teñido de rubio.
Bien...son cuatro o cinco...aún no os han salido los pelitos, pienso. Joder...no vas a ser tú  pedazo de mierda quien me haga apartar la mirada....y entonces me suelto el farol y le digo que si no sabe quién soy yo...
Y aquí estoy... habiendo mentido...porque todos sabemos...que yo...no soy nadie.
Narusita
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Sáb 27 Mar - 22:03
¿Cómo que no eres nadie?
Eres Erwin Rudolf Josef Alexander Schroringer con su  gatoXD.
Cadaqués
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Sáb 27 Mar - 23:14
Representan en la 2, en el dia internacional del teatro, la obra Mariana de Pineda, cuándo hace bastantes años, visité Granada, no pude sino entrar en la casa museo de esta mujer inigualable en aquellos tiempos, me estremecí, en su recuerdo de pelo zahino lleno de revoltijos...
Historias...

Y vuelvo sobre [Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo], Barcelona centro, la tristeza de un realismo latente, cuándo hicimos word, después estuve unas horas cercano a Barcelona nord, tan cerca de arc de triomf, tan cómo describes, todo ha cambiado, aquel 18 de julio lo comenté por aquí, he vivido otra Barcelona...no sé que deparará esto. Y si los dioses quieren, habrá cervezas para conocer a estos opositores/poetas/escritores.

Ser nadie es un don, si gobierna el equilibrio, fuera de muchos prejuicios. 👌
Santi8
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Jue 1 Abr - 17:36
Habiéndote luchado tanto,
es ahora que te tengo,
cuando dejarte marchar quiero.
En la soledad  que
de dolor lágrimas rebosa,
se forjó tan pesada copa.
Y aún pudiendo saciar la sed
de esta temerosa boca,
ni antes lo quise,
ni el beber merezco ahora.
Cadaqués
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Jue 1 Abr - 22:12
Parte poética,

Es ya dentro de ayer, tocaste junta madrugada con alba,
y demudándose entre velos,
la noche volvióse clara, sabías de oscura,
los fueron atraídos desde el este,
se abalanzan través la negra hora,
los otros escondidos, blanden palpitante su luz de bronce, es noche sobre olivos, plata abierta de estrellas, más sobrecogiste,
De una galería yergue, un silencio por calumnia,
a un instante la media, yace doblegada,
Es ya hoy, todavía más dentro, que bajo el agua caida, vistes tranquila fiereza, lo inuscultable pereció, nadie al rumor lejano, apenas pan seco sostenido, atendió, lo ajeno a toda sacudida,
Allá, donde alguien conoce el poder es plata,
porta cadenas cualquier otro, más de todas partes,
deambularon hileras bullentes, de ociosas gentes, entre la costumbre y el hábito, aún perdida la causa,
apura por resplandecerse, quién todo lo brilla, languidece un desasosiego humano, concédedme esperanza, hscédme las heridas de todos, que habrían de ser las vidas todas una, suficientes, en la sangre, traénos paz, purifícanos, más igual se juzga sin juicio, que batallas crean por engaño, todavia aún más dentro, de la nada, el todo, ni libre, ni vivo, aquél monte de los Olivos.

Parte real,

Sanedrín, Caifás.

Quién eres?

Si os lo digo, no me creeríais,
si os pregunto, no me responderéis, desde ahora, el hijo del hombre, estará sentado a la diestra del poder de Dios.

Ek deixon tes dynameous tou Theou?
"Eres tú, el hijo de Dios?"
Y Jesús los rebate,
Hymeis legete oti ego eimi.
"Sois vosotros, quienes lo decís"

La ruptura es completa, empieza el Via Crucis.
Inapelable
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Dom 4 Abr - 11:01
Hola.

Sé que hay mucho bueno escrito. En cuanto vuelva del examen me dedicaré a disfutarlo, perdón por no hacerlo a tiempo: deber obliga.

Pff, se me ha juntado un poco todo este último mes; ando con una ansiedad de la hostia, más que nada porque presiento que voy a hacer un examen cacafú: se alinearon los planetas para no permitírseme dar el último repaso.
Mucho trabajo, mucho dar morcilla el personal, en general. Vale, quizá es cabreo y no ansiedad, o ansiedad por no escupir mis cabreos, o cabreo por ansiedad, o que soy muy cabroncilla desde el nacimiento, que también es probable : ). Algo es.

Me dan ganas de opositar a ermitaña. Si tuviera una barba que dejarme crecer...

En fin, os leo a la vuelta. Mientras tanto os besuqueo como es debido.
Santi8
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Dom 4 Abr - 11:58
[Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo] ya lo tienes casi. En dos semanas podrás respirar tranquila, con la satisfacción del trabajo bien hecho.
Y entonces, desde el momento que decidas, estaremos aquí para leerte.
¡Mucho ánimo!
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jusgestion
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Dom 4 Abr - 12:08
Fuerza, echa el resto, lo que se repasa en el último momento es tremendamente útil
Narusita
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Dom 4 Abr - 12:18
[Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo], respira hondo y un último esfuerzo.
Tienes la ansiedad de la proximidad de la fecha. No olvides el valor de las palabras. Voy a contrarrestar lo que has dicho : Vas a hacer un buenísimo examen.
Lo sé porque has trabajado muy duro.
Mucho ánimo. Nosotros también te besuqueamos.

PD. ¿Dónde se echa la instancia para opositar a ermitañ@?


Cadaqués
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Vie 16 Abr - 16:06
Antes de ponernos en marcha, con la casa a cuestas, ya en primavera, luego en verano, vuelve el nomadismo de carretera y manta, quería comentar acerca, para mí, de las novedades ofrecen las plataformas cómo Amazon, en el tema Podscats, hay tanta variedad qué el gusto de cada uno, es un arcoiris,👌 Fan de Almudena Ariza, la grandísima periodista de TVE, corresponsal qué rechazó dirigir el ente RTVE, su podscat "plano corto" magnífico, otro sensacional, "mujeres olvidadas" sobre Ciudad Juárez...🙏 un descubrimiento para mi, esto de los Podscats, se nota soy antiguo... 😎👌
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Ayer a las 14:29
[Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo] escribió:Llevaba un tiempo sin dedicarle tiempo (rebundancia) a un proyecto de novela que escribo a medias y del cual ya había colgado aquí alguna parte. Pues bien, parece que ha vuelto la "inspiración" y ya soy capaz de escribir prosa (últimamente sólo me apetecía escribir poesía). Bueno, este fragmento es lo último que he escrito (ando escribiendo).


En cuanto Praxi cruzó la puerta se hizo el silencio en la habitación, el viejo gramófono dejó de sonar y la misteriosa mujer se incorporó. Recorrió la amplia estancia en dirección a las escaleras y uno a uno subió los escalones con no poca dificultad. Tras de sí todo se iba desvaneciendo entre una oscura y densa niebla, todo parecía retornar a su forma original, un angosto agujero húmedo, lleno de viejas estanterías masacradas por las termitas que cubrían gran parte de aquel zulo. De las paredes se desgajaban pegotes de pintura, cubriendo bajo una capa de yeso blanco el escaso género que Paquita y su marido le vendían a clientas como su madre.


Antes de que pusiera sus pequeños pies en la calle, el cartel de “atendemos abajo” —que había servido de señuelo junto con la música, para que decidiera entrar y bajara las escaleras— se despegó de la pared y tras caer planeando como una hoja de papel, desapareció engullido por el suelo líquido. La puerta de la mercería volvió a cerrarse, avanzó unos pasos y se detuvo, el burbujeo de un sordo eco empezó a manar. Cuando a los pocos segundos dejó de oír la resonancia, recogió con las manos la larga cola blanca de su vestido y con los pies descalzos continuó andando. Había desaparecido como una piedra cuando se la deja caer sobre el agua turbia de un cenagal, en su lugar, un parche de color gris había emergido, una cicatriz como único vestigio en aquel trozo de fachada. Andaba con la seguridad que sólo otorga la experiencia o la valentía del loco imprudente, pero ella sabía bien lo que hacía y hacia donde debía dirigirse. Conocía tan bien cada rincón de aquellas calles, de aquella ciudad que había visto nacer, que podría llegar a casa de Praxíteles incluso con los ojos cerrados. Su piel, al entrar en contacto con el suelo se volvió translúcida y sus pies se transformaron en dos bolas de fuego que al avanzar provocaban un doble efecto: dejaban una estela de luz efímera como dos cometas persiguiéndose y parecían derretir el pavimento. De tal forma, que la Reina blanca daba la impresión de levitar, desplazándose como los elegidos y profetas sobre las aguas.


El sol brillaba con la misma intensidad y el cielo continuaba siendo inmaculadamente azul, las únicas sombras las proyectaban los edificios que pasito a pasito había dejado atrás en su trayecto. Ya estaba llegando, no le hizo falta ver el imponente edificio Tuétano-Dos, sentía su presencia, como sentía la presencia de todos los átomos de Praderas del Campo. Habiendo iniciado el ascenso, la visión de un gato negro bajando desde lo alto de la calle hizo que se detuviera. El animal también se paró para mirarla, su cuidado pelo y la redondez de su figura, indicaban que no era un gato callejero. La reina parpadeó una sola vez y entonces sucedió: el negro fue blanco y el gato ladró siendo perro. Bajó los pocos metros que les separaban moviendo la cola mientras sacaba la lengua salivando felicidad.


Buen chico Señor Golondrinos, buen chico...— le dijo al caniche agachándose para acariciar su cabeza.
Ahora tú y yo vamos a buscar a tu mamá— y el perro empezó a dar saltos y a gemir de alegría. —Shhhh, no tan alto, no tan alto que te van a oír ¿y nosotros no queremos eso verdad?
Obediente cesó en sus alaridos y se ubicó a su lado; ni cuando era gato y quedó electrificado por la mirada de la mujer, ni ahora, instantes después, parecía que le molestara el calor que irradiaba su cuerpo. Caminando a su lado, el perro pisaba sobre tierra firme y ella seguía deslizándose sobre el cemento, impulsada por las llamas de fuego azul y blanco que brotaban de sus pies.


La puerta del vestíbulo estaba abierta, esperaron a que el ascensor llegara y se montaron en él. Podrían haber utilizado las escaleras o teletransportarse, siendo ella quien era, no habría siquiera hecho falta que paseara por las calles, pero entonces no habría coincidido con ese gatito, o sí; porque nada se escapaba a su influjo, y además le apetecía contemplar y respirar aquel/aquella Praderas del Campo, que aunque desierto, continuaba sintiéndolo muy suyo. Arriba el piso estaba cerrado, otra vez un pestañeo bastó para que su voluntad se cumpliera, la puerta desapareció ocupando su lugar un agujero de blandos contornos que parecían palpitar. El señor Golondrinos corrió hacia la la cocina para dar cuenta del pienso y el agua que allí siempre le esperaban. Ella se dirigió hacia el comedor y mientras andaba por el pasillo con familiaridad y aires de nostalgia, suspiró; su mano acariciaba el estucado de la pared que hacía años había sido blanca. El relieve de la pintura reaccionó al contacto de las yemas de sus dedos y el pequeño pasillo se retorció en un espasmo similar al de una lombriz. Ya en el comedor observó que el interior no había cambiado nada desde que Praxíteles lo abandonara aquella mañana. Estaba cansada —aunque ella nunca se cansaba—, se sentó en el sofá y dejó de irradiar fuego y luz, desde la cocina se escuchaba el escándalo provocado por la famélica voracidad perruna de Golondrinos. Cerró los ojos, aquel sofá viejo y sucio le pareció el más cómodo y confortable del mundo, subió los pies y se recostó, a los pocos segundos cuando estaba ya para dormirse algo se le clavó en el culo. Sus manos rescataron de entre el hueco de los cojines un juego de llaves que las migas de pan, pelos y otros restos que no supo identificar habían apresado.


«Qué extraño, esto no tenía por qué estar aquí» pensó visiblemente desconcertada mientras contemplaba el llavero/abridor con forma de botella de la marca de cervezas Padre Daimiel. Si todo Praderas del Campo era una extensión suya, un apéndice más de su diminuto cuerpo, aquella casa era el centro neurálgico, el núcleo sobre el que se había ido construyendo todo, capa sobre capa.
Continuación....(he escrito un poquito más):


Sonó un chasquido metálico en la cocina que hizo que el perro dejara de comer y que ella se incorporara del todo, los músculos de su cuello se tensaron. Entró y vio que el animal temblaba asustado, pegando su cuerpo contra la pared. Puede que ella no tuviera miedo ni estuviera nerviosa, pero sí que estaba en estado de alerta, aquel ruido no era orgánico, era mecánico, frío y artificial, provenía de fuera. Sin tiempo de asimilar el primer chasquido, volvió a sonar convertido en un segundo y un tercer pitido aún más fuerte que el anterior.


Se llevó las manos a las orejas mientras con las piernas y los pies le hacía señales al señor Golondrinos para que saliera. Bajo el pobre caniche un charquito de orina mojaba las baldosas de la cocina, pero no se movía, el perro permanecía inmóvil paralizado por el pánico y ella, que hacía tan poco le había cambiado la vida como gato, no tenía la suficiente fuerza para sacarlo de allí. Localizó la fuente de aquella tortura que amenazaba con destrozar su cerebro, era la radio que estaba enchufada sobre la encimera. Tiró con fuerza del cable y súbitamente desapareció el ruido. Aún aturdida, cogió a al perro y lo apretó junto a su pecho, sus corazones latían vertiginosamente como si se hubieran asomado a un abismo, aunque ella externamente parecía mantener la calma, no como el pobre caniche, que no paraba de temblar.


—Ya, ya..ya se marchó perrito bueno, tranquilo....—repetía monótonamente mientras se movía hacia delante y hacia atrás. —Ya pasó...¿ves? estoy aquí contigo y pronto tu mamá estará con nosotros.— La pobre bestia halló consuelo apoyando la cabeza entre sus pechos, igual que lo haría un niño al que su madre consuela tras despertar de una horrible pesadilla.


Bienvenidos a “Mañanas de terciopelo”, el programa que te acompaña, tu programa amigo. A ti que estás en casa encargándote de que todo salga bien.
Soy Fausto Zapatero y con una selección de las mejores canciones de hoy, de mañana y de siempre, mi equipo y yo te saludamos. Y como siempre digo, el trabajo con amor...es menos trabajo (breve pausa y música).
...¿Tienes problemas con las manchas de grasa en el suelo de tu cocina, estás cansada de frotar y dejarte las rodillas en el...«Hola Carmen, por fín te encontramos» y no lo olvides amiga, Ultra Dragón, es la solución.



        Una canción antigua comenzó a sonar y fueron los gemidos los que la liberaron de la parálisis, sin darse cuenta había dejado caer al perro. Aquello no podía estar sucediendo, sí eso era, estaba siendo soñada. ¿Pero por quién, si por encima de ella no existía nada?



Con la música de fondo la voz de Fausto Zapatero volvío a colarse en su cabeza:
«Carmencita, Carmencita, sabemos que la estás buscando, quién sabe...ya has mirado en la nevera? Puede que su hijito querido la guarde ahí dentro a trocitos, jajaja...»
El mismo chasquido metálico que diera inicio a la emisión puso fin a la misma, se sentó en un taburete, colocó al señor Golondrinos sobre sus rodillas y nuevamente intentó calmarlo. Ante sí estaba la vieja nevera. Se tomó unos minutos más y cuando se vió con fuerzas cogió el mango de la puerta y tiró con determinación hacia sí.
Un chorro de vapor oscuro la desplazó unos metros hacia atrás, la cocina se llenó de sombras negras y de un hedor nauseabundo. Su mente fue asaltada por ráfagas de palabras y silabas carentes de sentido que sin cuartel iban ocupando cada uno de los rincones de su ser —no resistiría mucho—, cuanto más densa era la oscura niebla más presión sentía en el interior de su cabeza.


Cuando creía que iba a explotar, la nevera dejó de vomitar aquella malignidad vestida de negros vapores y pérfidos efluvios, cuyo rastro desapareció al instante de la cocina. Llevándose las manos a la boca, tosió un par de veces —notaba algo, alguna cosa que la incomodada— miró la palma de su manó derecha y descubrió con horror que estaba manchada de puntitos negros como la tinta de un calamar. El señor Golondrinos, quiso animarla —o probar aquel nuevo manjar tan distinto al pienso— y empezó a lamerle la mano. Lo apartó de un tortazo: “Hijo de la gran puta, ¿qué coño haces?”
Volvió a toser con más fuerza salpicando las baldosas de la cocina, la cabeza le daba vueltas y la notaba muy pesada. Arqueó la espalda hacia adelante y hacia atrás, moviéndose como una anguila fuera del agua, incluso parecía toda ella algo viscosa. Casi desencajando las mandíbulas, abrió tanto la boca para que bañadas de maldad y vileza vomitara las siguientes palabras:

«Mereces que te maten». «Te voy a matar». «Has sobrepasado todos los límites».
Los húmedos lengüetazos la rescataron del estado de semiinconsciencia en que estaba sumida. Tumbada sobre el suelo de la cocina en posición fetal, el perro, cuando vio que volvía en sí comenzó a dar vueltas a su alrededor, moviendo la cola enérgicamente.
Cerró la nevera, no sin antes comprobar que en el interior, un pack de cervezas Padre Daimiel y dos salchichas Fleischwurst de 650 gramos era lo único que había, ni bolsas con restos de miembros desmembrados, ni aterradoras voces, ni nada de aquello que había sido capaz de anularla hacía tan pocos lengüetazos. Fuera lo que fuera aquello que se había atrevido a golpearla en su reino, había cesado ya, desapareciendo, al menos, temporalmente.


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