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Santi8
Santi8
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El conserje (relato-resumen) Empty El conserje (relato-resumen)

Dom 20 Dic - 13:33:20
No sé si en el otro foro colgué este relato.
Bien, lo que posteo ahora es un resumen del mismo por si lo quieren leer.

(...)Por aquel entonces preparaba unas oposiciones.
De hecho, era un trabajo que me había buscado ad hoc por dos motivos bien claros:
El primero era el poco desgaste físico que implicaba y el segundo que me permitiría durante las horas muertas avanzar en el estudio.
Este segundo motivo, a las dos semanas de trabajo, dejó de ser tal. Una de las vecinas del bloque 8, la señora Minardi, consideró que la LEC y la LECRIM impedían el buen desarrollo de mi trabajo. Así que habló con mi superior y éste a su vez me informó que no podría volver a leer.

Reaccioné indignado, pero necesitaba el dinero, y sobre todo, mi contrato vencía en poco más de un mes.
La primera semana después de la inquisitorial medida, me la pasé haciendo dibujitos estúpidos —mi habilidad para el dibujo siempre ha sido nula— y contando los minutos de cada larga y vacua hora. Finalmente, para que el tiempo corriera un poco más rápido, decidí escribir estas palabras.

(...)Anclado en mi silla, veía cómo a través de los grandes ventanales de cristal que acorazaban la parte más baja del edificio, regresaban como hormigas —en un flujo constante— poco a poco a su hogar. Sus cuerpos invadían aquel espacio que les pertenecía, el blanco y pétreo mármol del cual yo era responsable, y sobre todo volvían para ocupar sus nichos de confortable lujo, trescientos metros cuadrados de inaccesibilidad granítica. Aquel edificio era una colonia, una colmena de insectos que a su vez quedaba integrada junto con otras en lo que podría llamarse vecindario. Una zona muy bien delimitada, de lujosos coches, ropas de marca, relojes caros y viejos muy sanos.

(...)Los vecinos de la finca eran todos catalanes y españoles y por tanto sus fortunas, en gran medida, eran o habían sido fruto de activos en empresas nacionales, herencias adquiridas y sobre todo —utilizando un término darwinista— cimentadas en la autoperpetuación, una suerte de endogamia donde solo se da la interacción entre miembros de la misma clase y donde toda injerencia externa será repelida e incluso exterminada.
La señora María era brasileña, pero si había algo que la hacía digna de vivir allí y compartir una celda más, pese a sus modales y evidente mal gusto, era el mayor aglutinante que pueda haber: el vil metal. No hay un cohesionador social mayor.

(...)Desde mi puesto, sentado tras una larga mesa de madera que sólo dejaba asomar la mitad superior de mi cuerpo, atrincherado y a través de los grandes ventanales, contemplaba y escuchaba —adueñándome de su intimidad— los cuerpos y las voces deformadas de los transeúntes que ante mí circulaban.

(...)Me empoderé, pues estando allí sentado a la espera, el dibujar o el escribir, no eran más que ejercicios que pretextaban mi nadaquehacerismo, que desde un sentimiento de culpabilidad pretendían  justificar mi presencia allí. Así que ese momento, esa toma de conciencia y ese apoderamiento fueron muy reveladores y sobre todo liberadores. ¡Qué placer el poder mirar las musarañas sin sentirse uno culpable!
Resultaba obvio que mi inexperiencia me llevaba a estos ejercicios de un solipsismo inocente. Pensaba entonces en ejércitos de conserjes y porteras, y más aún, en legiones de funcionarios, cohortes entre las cuales más adelante formaría parte, y me sentía ridículo al pensarlo, pero hallaba yo cierto confort proyectando estas imágenes.

(...)Después de verlos entrar y salir con esos ademanes, sus ropas de diseño y sus relojes carísimos, su manera de hablar; después de estar en el parking viendo sus relucientes coches de alta gama, el recoger y tirar sus despojos era para mí, en parte, una suerte de justicia poética —nuevamente apelo a mi inexperiencia, no sin antes ruborizarme incluso—; pues si bien era innegable que eran sus sirvientes quienes dejaban en el suelo, ante las puertas de servicio, aquel conjunto de restos y que era yo quien los hacía desaparecer; aquellos desperdicios, sobras, porquería…, aquello era exclusivamente suyo, no podían negarlo ni rehuir su responsabilidad, y en aquellas bolsas malolientes era yo capaz de encontrar su humanidad en sus estadios más primarios y sórdidos.

(...)El caso es que en las últimas semanas de esos largos meses —como venía diciendo— y fruto de mi servilismo innato y de su también innata superioridad moral (entiéndase esto entre todas las comillas que se quiera), se había producido una suerte de simbiosis que haría entrar en combustión espontánea al marxista más recalcitrante. Yo, sin que nadie me lo dijera —al menos directamente— decidí abandonar mi puesto cada día a las ocho y dos minutos. (¡Solo dos minutos! Dirán algunos.) Ah… pero cuánto pueden significar dos minutos… una eternidad en la que yo me sentía enjaulado.

(...)No he hablado de las personas que trabajaban como asistentes: la gente del servicio. Imaginé que entre los miembros de dicho gremio, en su mayoría mujeres del este y sudamericanas, habría como un código no escrito por el cual —presumía yo que siendo “iguales”— nos trataríamos con simpatía y afabilidad. Pero la realidad era otra, no había ningún atisbo de corporativismo, la mayoría de ellas eran bastante estúpidas.
Se obraba pues la paradoja: en aquella plutocracia, aquel oasis, ínsula de riquezas  y opulencias tan sólo destinadas a las poderosas castas, eran éstas, interesadamente o no, mucho más amables que el resto de los mortales que allí nos dedicábamos a servirles.

(...)Mi debut como conserje fue en un edificio de una zona bastante buena — aunque no llegaba a los niveles del edificio junto a la Diagonal—, se encontraba muy bien ubicado. Si los pisos de los residentes, que por su status podrían fácilmente responder al calificativo de ricos, superaban los trescientos metros cuadrados, los de la calle Padua, en el barrio de Sant Gervasi, “tan sólo” medían cien metros y a sus vecinos uno podría encasillarlos dentro de la —ya obsoleta— categoría de burgueses.

(...)Era la calle Padua, pese a no ser muy grande, un centro neurálgico del comercio de la zona. Varios restaurantes, tiendas gourmet, fruterías ecológicas… todo muy chic. En esta portería me inicié en el arte de dar los “buenos días”; el de las “buenas tardes” lo aprendí en un edificio señorial de Paseo de Gracia, del cual hablaré un poco más adelante.
El edificio se construyó en los años sesenta y olía a rancio, sus suelos de madera, sus barandillas, los traqueteados ascensores… todo daba la sensación de haber sido cubierto por una pátina de decadencia. Justo delante de la puerta de entrada, en el portal, había una estructura rectangular y sin paneles, comparable a la barra de un bar, en cuyo centro se ubicaba una silla vieja y renqueante de madera. Allí me sentaba yo después de barrer y fregar el vestíbulo. Mi espalda y mis nalgas daban fe de la insignificante distancia entre la lacerante madera y el raído cojín negro. Pero no me quejaba, pues junto a la ilusión que suponía para mí estrenarme en aquel oficio —al cual siempre había tenido en alta estima y que yo bien conocía pues mi abuela ejerció de portera durante más de cuarenta años— además, podía leer con total libertad.

Los primeros días me llevé algo ligero y de fácil lectura, una de las primeras obras de Bukowski. Ese primer día hice amistad con el presidente de la escalera. «Te debes aburrir mucho aquí», me dijo, e inició una conversación sobre novelas de ciencia ficción y a la cual pude yo aportar mi granito de arena, pues era aquel un género que me gustaba. No desaproveché la ocasión para hablarle de un libro que con un amigo había escrito. Después de hablar un buen rato sobre los autores clásicos: Heinlein, Clarke, Asimov, Pohl… Subió al ático primera, que es donde vivía, y a los cinco minutos regresó con tres libros, tres obras seminales del género de las que yo había leído dos, así que por descarte y sin desmerecer por ello ni a los autores ni al señor Emili, seleccioné Fuentes del Paraíso, de Arthur C. Clarke. Muy buen libro que me habría de mantener entretenido aquellas tres semanas.

(...)De unos setenta años, vivía solo y vestía siempre pantalón y camisa del mismo color, tal vez hechos a medida. Parecía estar permanentemente de mal humor y tener prisa, aunque el recuerdo que guardo de él es grato.
Gran parte de los pisos del bloque estaban en alquiler. Los propietarios, como el señor Emili, eran gente mayor. «Quedem pocs», me dijo en uno de nuestros breves encuentros. Y no le faltaba razón, era un extraño en su propio universo, como el protagonista de alguna de sus estimadas novelas.

(...)Es momento ahora de escribir sobre mi experiencia en el tercer y más céntrico edificio en el que trabajé. Situado justo en frente de la emblemática Pedrera. Era un edificio burgués, característico de comienzos del siglo XX. De las tres propiedades en las que había trabajado durante aquel otoño, ésta había sido la única en la que pude ver el interior de los pisos. Eran cinco plantas, y salvo dos vecinos, el resto estaban vacíos u ocupados por oficinas.
Todas las plantas tenían dos departamentos por rellano excepto la quinta y última que tenía cuatro.
En el principal primera y principal segunda vivía un pintor de cierto renombre y muy viejo. A veces salía a la calle a pasear su menuda y encorvada figura con la ayuda de un bastón. Cada ocasión que lo veía  pensaba que sería la última. Tan parecido a Yoda que verlo subir y bajar aquellas escaleras una vez más, me llenaba de júbilo y para mis adentros musitaba un: “que la fuerza le acompañe”.

(...)En la conserjería teníamos las llaves de los pisos vacíos, por si —según dijo Joaquín— teníamos que enseñarlos a los de las inmobiliarias. Así que el día de mi formación Joaquín cogió una de las llaves y entramos en uno de los pisos. Eran amplios, doscientos cincuenta metros, el doble que los de la quinta planta. Aquel piso en concreto era el cuarto primera y había sido una agencia de modelos hasta hacía bien poco, la fortuna no había sido generosa conmigo.
También teníamos bajo custodia las llaves del terrado y del sótano. Subimos con el ascensor, de esos antiguos con puertas de madera que se abrían y cerraban manualmente. No sé por qué motivo me sentía yo en su interior como un soldado de la Gestapo o un pobre prisionero al que los nazis iban a torturar.
Desde allí arriba las vistas eran magníficas, me sentí un privilegiado y así se lo hice saber a Joaquín, jamás había visto el Paseo de Gracia —y buena parte de Barcelona— de esa forma, «y jamás lo volverás a ver», pensé. La Pedrera desde esa perspectiva, impresionaba aún más.

(...)En aquella portería tenía mucha más autonomía pero tampoco podía estudiar en condiciones. La entrada y salida de gente era constante y “Mr. Buenas tardes” tenía que cumplir con su gentil cometido.
Leí bastante poesía, una antigua edición con una breve antología de poetas románticos ingleses: Whitman, Coleridge, Wordsworth, Byron, Shelley, Keats…; un par de libros (entrevistas) a los directores de cine Fritz Lang y Robert Bresson y un ensayo bastante denso y sesudo, cuya letra además era minúscula. Todos estos libros tenían una cosa en común, eran pequeños y manejables, no llamaban la atención.
Narusita
Narusita
Mensajes : 678
Fecha de inscripción : 25/05/2020
Localización : Japón

El conserje (relato-resumen) Empty Re: El conserje (relato-resumen)

Dom 20 Dic - 13:52:47
Santi, no lo colgaste en el otro foro.
Es muy bueno. Espero que tu futura plaza no duerma tu talento Smile

He recordado esta peli.

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Ulises
Mensajes : 225
Fecha de inscripción : 22/04/2020

El conserje (relato-resumen) Empty Re: El conserje (relato-resumen)

Dom 20 Dic - 14:24:55
Muy buen relato, luego leeré el erótico
Tienes un gran talento
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Laura M
Mensajes : 394
Fecha de inscripción : 19/07/2020

El conserje (relato-resumen) Empty Re: El conserje (relato-resumen)

Dom 20 Dic - 15:57:30
Soy de ciencias y reconozco que me cuesta la vida leer, pero tu talento es evidente incluso para mí. Felicidades😊
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CRIM
Mensajes : 103
Fecha de inscripción : 28/05/2020

El conserje (relato-resumen) Empty Re: El conserje (relato-resumen)

Dom 20 Dic - 17:04:59
Muy bueno Santi!! Gracias por compartirlo!
Yo me llamo Ralph
Yo me llamo Ralph
Mensajes : 1289
Fecha de inscripción : 27/05/2020
Localización : Mandril

El conserje (relato-resumen) Empty Re: El conserje (relato-resumen)

Mar 22 Dic - 7:35:47
Al fin te leí con el tiempo que mereces. Quisiera una mirilla secreta y saber un poquito más de sus vidas y costumbres, aunque fuese solo un vistazo rápido a sus basuras (jjj eso no, es bromi). Muchas gracias por compartirlo Smile

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".florecer exige pasar por todas las estaciones."
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